Cuerdas azules: los jóvenes que alegran las tardes de niños hospitalizados

Más de 40 jóvenes de Cuerdas Azules visitan semanalmente el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez

Cuerdas Azules: los jóvenes que alegran las tardes de niños hospitalizados

El grupo de jóvenes universitarios de Cuerdas Azules visita diariamente el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez. Inspirado en un cortometraje que muestra la esencia del grupo, fue creado por el cura Adrián Santarelli. Con solo un año de antigüedad, su nombre ya es reconocido y cuenta con casi 100 miembros regulares.

Las 3 de la tarde en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez marca la hora de la alegría y las risas de los niños hospitalizados. Empezó el horario de voluntariado, lo que significa que los jóvenes de Cuerdas Azules ya son admitidos en el hospital. Con la sonrisa y energía que los caracteriza, estos se pasean por los pasillos de las unidades de Traumatología e Infectología. Con un golpecito en la puerta y un “¡Hola! ¿Puedo pasar?”, el día del niño ya toma un giro diferente.

El cuarto 14-15 es de Milagros y Candelaria. Milagros, desde el primer golpe en la puerta, se presta a hablar. Con 12 años, ya sufrió 3 operaciones y al día siguiente la operarían otra vez. “Soy deforme”, dice entre risas y movimientos que demuestran su elasticidad. Es que tiene 8 tornillos en el pie. Acostumbrada a operarse, la sonrisa es imborrable cuando le dan lápices de colores y un dibujo de la película Frozen para pintar. Al cabo de una hora de pintar, risas y mucha charla, Milagros cuenta que le encanta cantar. ¿Su canción favorita? No me doy por vencido” de Luis Fonsi.

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(El horario de voluntariado es de 15 a 17. Ph: Cuerdas Azules)

Por los pasillos interminables con paredes con guardas de gatitos, al ruido de tránsito de enfermeras y médicos, se le suman las carcajadas del cuarto 12. Este es el del pequeño Benja. Acompañado por su papá, el yeso de Benja en su cadera y pierna derecha no lo dejan moverse de la cama. Tiene 4 años pero su viveza lo hace parecer de más. Después de pintar a Spiderman y armar y hacer volar dos avioncitos de papel, Clara de Cuerdas Azules se tiene que ir. “No te vayas”, llorisquea Benja. Pero Clara, con la promesa de volver la semana entrante, logra escaparse con tristeza.

Una escalera caracol lleva a la Unidad 14 de Traumatología, en el primer piso. Son casi las 5 de la tarde y las puertas de casi todos los cuartos están cerradas. Al fondo del pasillo, se escuchan las voces de la madre de León y Delfina de Cuerdas Azules. León, de 15 años, está internado hace 2 semanas. Su malhumor por el dolor de la operación que le hicieron por la mañana hace que su madre lo acompañe desde afuera del cuarto. Cuando se le pregunta qué es Cuerdas para ella, responde sincera: “Un cariño al alma”.

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(La página de Facebook de Cuerdas tiene más de 1000 miembros. Ph: Cuerdas Azules)

Las 5 de la tarde marcan el final de horario de voluntariado. Con la promesa de volver en la semana, los jóvenes de Cuerdas Azules empacan sus lápices y dibujos. La sonrisa es lo único que no logran guardar. Joaquín, estudiante de abogacía de 24 años, esboza sonriente: “Trato de ayudar al otro y me enriquezco de eso”.

Por Lucila María Salvemini

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