La historia jugó para el otro equipo

Independiente empató uno a uno con  Estudiantes de La Plata en Avellaneda ayer por la noche. Pero la noticia estaba en los bancos de suplentes y en la historia de cada club, no en el resultado.

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Todo el Libertadores de América ovacionó a Gabriel Milito ( Foto: Rodriguez Larreta)

   “Milito hay uno solo”,  “Esta es tu casa Mariscal”, decían los cánticos o banderas que se desprendían de la hinchada del Rojo en el Libertadores de América minutos antes de las 21: 30.  Gabriel Milito es el último gran ídolo de Independiente. Representa la historia del Rey de Copas. Defiende la idea del buen juego, del “paladar negro”.  Pero ayer tenía puesto el buzo de director técnico de Estudiantes, un club que a lo largo de toda su historia priorizo el resultado sobre el buen juego.  Esta idea “bilardista” también es propia de Mauricio Pellegrino, quien hoy entrena  a los Rojos y meses atrás entrenaba a los Pincharratas.

   “Necesitamos ganar. Y si Pellegrino gana, bienvenido sea”, sostenía el joven Máximo Espinoza, socio del Rojo mientras espera ansioso que ingresen los equipos a la cancha. “A mí me gustaría hacer un intercambio de entrenadores hoy”,  comentó Javier Anselmi, que es socio de los Diablos Rojos desde hace más de 30 años. Agregó que Independiente tiene que respetar su historia y su forma de jugar que tantos éxitos le dio.  Las hinchas rojas tenían distintas opiniones frente a contar con un director técnico que prefiera ganar sobre jugar bien. Pero todos se levantaron para aplaudir y ovacionar la entrada de Milito al campo de juego.

  Una vez arrancado el partido, las miradas se posaron sobre el juego.  Los equipos pusieron en práctica la teoría de sus entrenados y negaron su historia. En el primer tiempo, Estudiantes manejó el balón y el Rojo esperaba agazapado para golpear de contra.  Los pocos bilardistas sonrieron cuando el local se puso en ventaja con un gol de Diego Vera a los 53 minutos.  “Esto es un equipo, ataca y defiende”,  grita Fausto desde la platea avalando el trabajo de su entrenador.  Pero a los 65 minutos, una falta infantil derivó en un penal ejecutado por Gastón Fernandez  que le dio el empate a los platenses.  A partir de ahí los roles cambiaron y la historia dijo presente. Los Rojos manejaron la pelota y atacaron sin cesar al Pincha, que buscó refugiarse tras la expulsión de Mendoza 20 minutos antes del final.

   El árbitro Darío Herrera sentenció el final del partido. Fue empate en uno. “No hay filosofías en el fútbol, hay que salir a la cancha y jugar” aclaró Juan Rando, hincha del Rojo disconforme con el debate entre los del “paladar negro”  y los “bilardistas”.  La hinchada local despidió a su equipo con aplausos.  “Ya vas a volver,  hasta luego”, dijo emocionado Fabián mientras vendía las últimas gaseosas.  Se refería a Gabriel Milito, el Mariscal de los corazones de los hinchas Rojos.

Por Bautista Rodriguez Larreta

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