El sueño posible de Gustavo Nahuelquín

Nació con parálisis cerebral motriz y aun así, logró jugar en la selección nacional de fútbol y viajar por el mundo.

Se describe como tranquilo, tímido, introvertido. Los elogios de la gente le dan “vergüenza”. Gustavo Nahuelquín es sin duda un ejemplo de cuando la esperanza y la humildad consiguen sacar adelante a una persona. Su mensaje es que cualquier sueño es posible, solo si uno es capaz de animarse a realizarlo.

Nació el primero de Noviembre de 1979. Tiene 1,70 de altura y 73 kilos. Así se lo describe a Nahuelquín desde la página oficial de los Juegos Parapanamericanos 2015 de Toronto. Pero Nahuelquín es mucho más que eso. “Conozco mis limitaciones, y con eso siempre intente hacer lo mejor que pude”, explica Nahuelquín.

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Gustavo Nahuelquín juega al fútbol hace 17 años (Crédito: Gustavo Nahuelquín)

Hace 15 años que Nahuelquín reside en Buenos Aires. Pero vivió sus primeros años en San Martin de los Andes, Neuquén. Su “núcleo familiar” es hasta ahora siempre el mismo: su hermano y sus dos padres. “Lo que tengo, lo tengo desde el parto, fue por una falta de oxígeno al nacer”, decía Nahuelquín con una leve sonrisa. Lo que tiene se llama parálisis cerebral motriz y es motivo suficiente para desalentar a cualquiera. Gustavo nunca fue como los otros en el colegio. Tiene una discapacidad con la que a simple vista no puede caminar bien. Igualmente, siempre soñó con ser un deportista de elite.

Detrás de esos anteojos oscuros que usa Nahuelquín para esconderse, su voz se vuelve débil si tiene que hablar de su familia. “Por mi problema tuve que ir mucho a los quinesiologos y ellos se preocupaban y me llevaban para ver cómo mejorar lo mío”. Nahuelquín solo tiene palabras de agradecimiento para con su familia. “Para ellos es un orgullo que alguien de la familia este representando al país y que alguien de ellos haya viajado”. Y mientras habla, gorras de distintas partes del mundo decoran la casa de su tío.

Pero para conseguir este sueño, Nahuelquín tuvo que tomar decisiones difíciles. Con tan solo 18 años, dejó atrás su casa en San Martin de los Andes para probarse en el deporte. Viajó solo a Rosario para probar suerte en el seleccionado de personas con discapacidades. “Fuí tranquilo, me decían de la oportunidad de representar al país y viajar por el mundo; era mi sueño pero no me quería decepcionar”, confesaba Nahuelquín. Y fue allí donde le dijeron que tenía capacidades y que vaya a Buenos Aires. Nahuelquín siguió apostando por sí mismo y se fue a Buenos Aires a vivir a la casa de su abuela. No volvería a Neuquén sino hasta este año.

Hoy Nahuelquín es el miembro más antiguo de “Los Tigres”, la selección argentina de futbol 7 para discapacitados con parálisis cerebral. El arco es suyo desde hace más de una década. Debido al deporte viajó por Atenas, Londres, Rio de Janeiro, entre otros. Este año estuvo solamente en Portugal, Inglaterra y Canadá. Y mientras habla de Londres recuerda el partido en que dejaron afuera a los ingleses de locales en los Juegos Paralímpicos 2012.

Todos los viajes tienen aventuras. Nahuelquín recuerda con ánimos las lujosas villas de Toronto donde residían los deportistas durante los juegos. Habían peluquerías, bancos, y toda la comida que quieras comer. Un día se encontraron a los estadounidenses, rivales de siempre, y estos les decían: “No chance, no chance”. Gustavo no dijo nada, y más adelante se llevarían la medalla de plata del torneo mientras que los provocadores mirarían lejos del podio.

A pesar de las alegrías, hubo momentos en los que Gustavo quiso dejar el futbol. En el 2004 pensó en dedicarse al atletismo y lograr más éxitos deportivos, que con un equipo es más difícil. Y pese a las dificultades económicas de la época y la falta de apoyo financiero por parte del gobierno, Nahuelquin siguió con el fútbol. Luego de la creación del Enard, una entidad de apoyo financiero, desde el 2010 fue posible vivir “tranquilo” solo del deporte.

A sus 35 años, Nahuelquín es consciente de que la vida del deportista tiene un límite de tiempo. Por eso mientras jugaba estudió enfermería, y hoy es licenciado y profesor en el Hospital Austral. Pero mientras tanto, Nahuelquín prefiere publicar fotos, responder virtualmente a las felicitaciones constantes de amigos y colegas, y por sobre todo, disfrutar de estos últimos años de viajes y aventuras.

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