Lucas Guzmán, la joven promesa del taekwondo en la Argentina

El deporte se ilusiona con un joven bonaerense. Guzmán tiene un 2015 excelente y lo que necesita para ser el sucesor de su ídolo: Crismanich.

Lucaz Guzmán frente al CENARD, lugar en el que entrena con la selección de taekwondo.
Lucaz Guzmán frente al CENARD, lugar en el que entrena con la selección de taekwondo. | Créditos: Micaela Benítez.

El taekwondo argentino tiene futuro. Y presente. Lucas Guzmán tiene apenas 21 años y una cosecha destacable de logros: fue bronce en los Juegos Olímpicos de la Juventud en el 2010 y lo repitió en los Juegos Panamericanos de Toronto este 2015, año en el que además obtuvo el 5º puesto en el Mundial de Rusia.

Oriundo de Merlo, Buenos Aires, mide 1,84 metros y debe mantenerse por debajo de los 58 kilos, el peso máximo que le permite su categoría. El fin de semana pasado volvió a competir en Argentina luego de dos años, en el torneo internacional Argentina Open de la categoría G1, que tuvo lugar desde el 28 al 30 de agosto en Costa Salguero. Allí también obtuvo un tercer lugar, pero su alegría más grande fue que su familia pudiera verlo pelear. “Los viajes son muy caros. A mí me los pagan con la beca del ENARD, pero ellos no pueden”, confiesa.

Guzmán tiene el deporte en la sangre. Su padre, Eduardo, también fue parte del seleccionado de taekwondo y su madre, Elizabeth, es profesora de educación física. Lucas es el mayor de los tres hijos del matrimonio y, aunque ama el deporte, lamenta el tiempo que le saca para estar con ellos. “Es el precio que tengo que pagar”, afirma. Con la que más tiempo comparte es con Agustina, su hermana de 15 años que también es taekwondista de la selección, por lo que comparten viajes y entrenamientos en el CENARD.

Guzmán en combate, en el marco del Grand Prix de Moscú, Rusia (2015). | Créditos: Gentileza ENARD
Guzmán en combate, en el marco del Grand Prix de Moscú, Rusia (2015). | Créditos: Gentileza ENARD

A los cuatro años, Guzmán acompañaba a su padre a los entrenamientos, y con la inquietud que lo caracterizaba, se metía a correr con los adultos mientras entraban en calor. Poco a poco, el juego se transformó en algo serio, y en la secundaria, el joven ya tenía compromisos deportivos que complicaban sus estudios. Llegó a llevarse cuatro materias en un año, porque los profesores no le perdonaban las faltas. Sin embargo, un cambio de escuela al año siguiente lo ayudó a repuntar, gracias a una preceptora que lo “bancaba en todas”.

Guzmán mira a los ojos cuando habla, algo poco común en los días que corren, y más aun teniendo en cuenta su juventud. Hace cuatro años entró a la selección mayor y la madurez que le dio la experiencia lo hizo tener sus valores bien claros. Sabe que con respeto y esfuerzo puede llegar lejos. Aunque no le gusta describirse a sí mismo como humilde, esa característica se nota en cada gesto que tiene. “Prefiero que los otros vean cómo soy después de tratar conmigo”, dice. Los ‘otros’ lo ven: los número uno del deporte se acercan en las competencias a saludarlo y a hablarle.

Su referente es Sebastián Crismanich, el correntino que fue campeón olímpico en Londres 2012. Él y su hermano recibieron a Guzmán en su casa para entrenarlo antes de los Juegos de la Juventud de Singapur, en 2010. La relación entre ellos creció, y se transformaron en una familia. “Siempre quise un hermano mayor, y en Sebas encontré uno”, afirma con emoción. Y agrega: “lo admiro como deportista y como persona”.

Guzmán no cree en las cábalas, ni en la suerte. Sí cree en el esfuerzo, y también en Dios. Como cristiano, la oración es su fuerte, y se enfrenta a los torneos con la fe de que le pone pruebas para fortalecerlo. “Siempre tengo los rivales más difíciles en las primeras peleas, pero si me pasa en los Olímpicos voy a estar preparado”, asegura.

Guzmán junto a Gabriel Taraburelli, su entrenador, luego de haber ganado el oro en un torneo en España. | Créditos: Gentileza Télam Deportes
Guzmán junto a Gabriel Taraburelli, su entrenador, luego de haber ganado el oro en un torneo en España. | Créditos: Gentileza Télam Deportes

Su entrenador, Gabriel Taraburelli, lo definió en la prensa como un “atleta que no tiene techo”. Guzmán tiene un objetivo: llegar a los Olímpicos de Río 2016 a pesar de que luego de volver de Singapur, no tenía metas claras. “Es difícil estar motivado después de una medalla. Pero me sentaron y me dijeron: ‘¿qué querés ahora?’. Y lo que quiero es llegar a Río. Antes parecía imposible, pero estoy muy cerca”, se entusiasma. En efecto, Guzmán está séptimo en el ranking mundial, y solo los primeros seis clasifican. Si no entra de esa manera, podrá pelear un Panamericano y quedar entre los primeros dos para lograrlo.

El deporte argentino lo mira: todos esperan que Lucas Guzmán sea la promesa que se cumple.

Por Micaela Benítez.

Video: Guzmán fue ovacionado por la tribuna en Costa Salguero, en el torneo internacional Argentina Open de la categoría G1. El joven atleta sintió la emoción de contar con el aliento del público al volver a combatir como local, luego de dos años de participar solo en torneos realizados en el exterior. | Créditos: Gentileza Taekwondo Olímpico

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