El retrato de un verdadero y auténtico artista

La vida de Beto, un virtuoso pintor no reconocido, que busca el equilibrio entre su filosofía artística y un mundo capitalista y comercial.


Beto es el nIMG_0288ombre artístico de Luis Martinez, chileno de 46 años pero residente argentino hace ya más de 10 años.  Como todo pintor es fiel a sus sensibilidades y se confiesa melancólico como la mayoría de los chilenos según él. No se lo nota meticuloso con su aspecto físico, por el contrario tiene el pelo largo y una barba mullida. Con una sonrisa contagiosa y un humor un poco negro generaliza los chilenos como seres aburridos y depresivos, mientras halaga a los argentinos por su tinte bochornoso y quejumbroso.

Muy expresivo con los gestos, Beto cuenta que vino de chile porque allá es muy difícil desarrollar una profesión artística sin tener mucha plata para sustentarla. Buenos Aires cuenta con una oferta para la educación del desarrollo artístico con mayor subvención por parte del estado que personas como Beto saben aprovechar.

Si bien se descubre como despojado de artículos materiales debe sustentar la vida que lleva, ya que la vida no se compra con sonrisas nos cuenta mientras muestra su celular casi con desprecio. Para esto trabaja como profesor de un taller de pintura, realiza ilustraciones para una editorial llamada “Las cuarenta” (trabajo que no es constante) y vende cuadros en dos galerías de arte (una en Chile y otra en Palermo). Los precios de sus cuadros oscilan entre los 1500 y 20000 pesos, aunque peinándose el flequillo explica que ningún cuadro tiene un mismo proceso ni tampoco un mismo precio. Intranquilo e incómodo comenta que es muy difícil poner un valor monetario a estos trabajos
y también despojarse de ellos.

Contrario a sus padres, docentes de una escuela primaria, Beto es reacio a dar clases y confiesa no tener vocación para involucrar todo su tiempo en eso. Sin embargo supo encontrar al taller como forma de dialogo con sus alumnos, que asisten por voluntad propia, y convertirse en profesor aunque mal le pese.

Inquieto pero tranquilo a la vez muestra las diferentes producciones que tiene en proceso. Busca entre varios lienzos las obras propias confundidas con la de sus alumnos. Casi en cámara lenta y con una meticulosidad absoluta trata a sus cuadros como un tesoro mientras los despliega sobre la mesa. La desprolijidad hace IMG_0242que no sea fácil encontrar sus obras más pequeñas, mientras que las más grandes están a la vista.

El aporte de cultura que brinda este tipo de personajes no es reconocido, pero es en mi consideración de los mayores aportes que se pueden generar. Los cuadros que no visten paredes de museos, sino que cuelgan en comedores y livings tienen un encuentro cotidiano que construye una identidad y formación artística permitiendo que un cuadro se contacte con las sensibilidades del espectador.

Si bien los artistas más reconocidos suelen saltar a la fama por una cualidad intrínseca, que se determina como talento, al alcanzar un éxito comercial toma más valor la firma que el cuadro propiamente dicho. Beto concuerda con esta visión con un tono irónico comentando que a Picasso nadie le iba a decir que su obra era mala si llevaba su firma.

Autor: Carlos Schmidt

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s