El Chapa Branca, toda una vida alrededor del rugby

Eliseo Branca es una las figuritas doradas de la historia del rugby argentino. Hoy, cuenta su vida desde otra perspectiva.

“El Chapa” es el apodo de Eliseo Branca, un reconocido exjugador y entrenador de rugby. Su apodo, a diferencia de lo que muchos creen, proviene de Eliseo Chapaleo, exjugador y luego directivo del Club Atlético San Isidro (CASI). El Chapa se considera un loco por el rugby y su vida lo certifica.

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El Chapa suele concurrir a una confitería en La Horqueta, cerca de su casa. (Foto propia)

Eliseo Branca nació en Buenos Aires en septiembre de 1957. A los cuatro años, se mudó al campo con su abuelo ya que su padre  se convirtió en Secretario de Agua y Energía bajo la presidencia de Arturo Frondizi, y tenía contratos de petróleo. Los cuatro años que vivió en el campo lo formaron y lo marcaron toda su vida. “Siempre me costó adaptarme a la ciudad”, afirmó. Además, el chapa dice que siempre fue una persona agresiva, y esa fue una de las razones por las que decidió empezar a jugar al rugby. “El rugby me encausó toda esa rebeldía que tenía dentro y le puso reglas”, contó. Así, a los 9 años entró a jugar a Curupayti, club situado en el partido de Hurlingham. Desde chico se destacó y eso lo llevó a debutar en primera con tan solo 16 años. 2 años más tarde le llegó el premio mayor: Los Pumas. “Nunca voy a olvidar esa gira. Fui con apenas 19 años recién cumplido y les ganamos al Gales de Gareth Edwars, que era como el Nueva Zelanda de hoy en día”, recordó.

Su carrera en Los Pumas duró casi 14 años, ya que su último test match fue en 1990 contra Inglaterra. En total, fueron 40 partidos, en donde se dio el gusto de vencer a todas las potencias mundiales, a excepción de los All Blacks, selección contra la cual logró un histórico empate en 1985.

Despedida del Chapa de Los Pumas, en 1990 vs Inglaterra. (www.YouTube.com)

A los 20 años dejó Curupayti por un problema en el plantel y pasó al CASI. Allí se transformó en ídolo, jugó por 15 años y ganó 4 títulos. Toda esta ola de éxitos nunca lo volvió loco. Sus valores, aquellos que sacó tanto del rugby como de su familia, siempre fueron todo para él y son su bandera. “El compañerismo, la confianza, el amor y el sacrificio no se negocian”.

Uno de los momentos más tristes de su vida se dio, paradójicamente, luego de uno de los momentos más felices. En el 2005 volvió al CASI como entrenador, y bajo su mando, el club fue campeón del torneo de la Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA) tras 20 años. Toda la alegría se disipó cuando no le permitieron seguir a cargo del equipo. “Yo no me fui, me fueron”, recordó El Chapa. “Por no haber nacido en el club, a algunos dirigentes no les terminaba de cerrar. Y por eso me invitaron a irme”.

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El Chapa jugó 40 test matches con Los Pumas (Foto cortesía YouTube)

El Chapa no podía estar lejos del rugby. No se imaginaba su vida sin la ovalada. Por eso no dudó cuando en 2012 lo invitaron a entrenar al Club Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó (GEI), quien militaba en el Grupo II de la URBA. El cambio fue drástico pero él disfrutó todo el proceso. Incluso lloró cuando en el último partido se salvaron del descenso en una final a la que acudió mucha gente de distintos barrios del oeste.

Hoy, El Chapa lleva una vida más tranquila. Tiene una fábrica de medias en San Martin, a la cual asiste dos o tres veces por semana. Entrena casi todos los días, pero solo fierros, “porque correr ya casi no puedo por la espalda”. Una vez por semana viaja a Carlos Casares, porque lo invitaron a entrenar una categoría juvenil de un club de allí, y eso lo mantiene en contacto con el rugby. Pero ahora apareció otra pasión: salir a navegar. Hace unos años compró una lancha e intenta salir al río una vez por semana, acompañado de su nueva mujer, con quien convive hace cinco años.

Hace unas semanas, El Chapa apareció en muchos medios de comunicación. El éxtasis de la película sobre el Clan Puccio llegó hasta él, ya que en su momento había defendido a Alejandro Puccio, el hijo menor del clan, con quien compartía plantel de rugby. Luego, se enteró que su nombre aparecía en la lista de los futuros secuestros y eso lo devastó. Asegura que no va a ver la película ya que es “despertar muertos que quiere olvidar. Finalmente, acota: “Alejandro no entendió nada. Se aprovechó de todo y nos usó. Además no es como decían que era. Era un cagón”.

Así es El Chapa Branca, una persona que siempre dice lo que piensa, que nunca va a mentir y que si se propone algo, lo cumple. No es recomendable meterse con él, ya que, muchas veces hace uso de su apodo y se pone un poco chapa.

Por Francisco Zabaleta

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