Vanina Torrecilla, la persona que hace a la profesión

Se recibió de Licenciada en Nutrición a los 36 años y nunca pensó que ejercería. Hoy, hace mucho más de lo que jamás hubiera pensado y su dedicación a su trabajo y su familia es total.

(Ph: L.S)
(Ph: L.S)

 

Tenía 36 años y acababa de tener su tercer hijo. Finalmente, después de ocho años de carrera y un intento por cuatro años de recibirse de Bioquímica, Vanina Torrecilla tenía el título de Nutricionista en sus manos. “Pensé que el título sólo iba a servir de decoración colgado en mi baño”, confesó riéndose. Lo que ella no sabía, es que luego de un voluntariado en Personitas y más tarde en la Unidad Pediátrica Móvil del Hospital Austral, su vida profesional despegaría.

Con su primera hija recién nacida y muy a pesar de la opinión de sus padres, Torrecilla dejó la carrera de Bioquímica en la Universidad de Buenos Aires a los 23 años. Describiendo su vida como sacrificada porque trabajaba ocho horas como secretaria en Siemens hasta las 17 y luego cursaba de 18 a 23, decidió estudiar Nutrición. “Quería una vida compatible con la vida de mamá”, explica. En cuanto a su inclinación hacia la desnutrición, explicó: “Me parecía terrible que algún chiquito no pudiera desarrollarse bien por alguna falta en la alimentación”.

(Torrecilla da cursos de cocina celiáca desde 2009. Ph: Jenny Quiroz)
(Torrecilla da cursos de cocina celiáca desde 2009. Ph: Jenny Quiroz)

En lo que concierne al despegue de su carrera, afirmó: “Tuve suerte”. Es que sus voluntariados en Personitas y luego en el Hospital Austral, le brindaron contactos para que un día de Febrero de 2006, le ofrecieran el puesto de Secretaria de Desarrollo Humano y Social en la Municipalidad de Pilar.

Con el lema y consejo de un colega de hacerse necesaria, Torrecilla logró demostrar que una nutricionista podía hacer mucho más que crear menús para comedores. Por motus propio, empezó a dictar cursos a padres, trabajar en comedores, asesoras a padres y niños como nutricionista. Es así que consiguió hacerse sumamente necesaria y la incorporación permanente como parte del equipo de desarrollo social de la Municipalidad. Hoy, su pasión, bondad y determinación la llevaron de tener un trabajo de tan solo dos meses para hacer dos menús para un comedor a trabajar con 12 instituciones con niños de 2 a 12 años, diseñar menús de desayuno y almuerzos, visitar hogares, capacitar a las cocineras, colaborar en Casa de abrigo, coordinar el grupo de celiaquía y el grupo de obesidad infantil.

En 2009, recibió la llamada del Centro de Prevención de Desnutrición Infantil en la Cooperación para la Nutrición Infantil (CONIN) para ofrecerle el trabajo de capacitar a familias dos veces por semana. Un año después, ante la necesidad de cierta estabilidad en el Centro, fue nombrada Directora y es un título que mantiene hasta la actualidad.

Al contrario de lo que se puede llegar a pensar, explica que “no todo es alegría” en CONIN.  Aunque trabaja en un ambiente que parte de la problemática, no siempre se llega a la solución. Hay casos tristes, situaciones que no se pueden cambiar y niños que sufren. Incluso, Torrecilla confesó que en ciertos momentos de impotencia, hasta consideró adoptar para sacar a un niño de la situación que le tocó. Pero con el tiempo, se aprende. Se aprende a no apegarse, a no dar lugar a la angustia. “Los que no pueden aprenderlo, se quedan en el camino”, afirmó.

(Torrecilla junto a su equipo en un evento solidario didáctico para niños. Ph: Elena Hallberg)
(Torrecilla junto a su equipo en un evento solidario didáctico para niños. Ph: Elena Hallberg)

Torrecilla, con una simpleza que emociona, hasta llegó a estar de viaje y sentir culpa. Sentir culpa por estar allí mientras hay tanta gente que necesita. Sin embargo, es allí también cuando aprendió a separar, a darse cuenta que no puede dejar de disfrutar su situación y su familia ya que es un estilo de vida que se esfuerza mucho por tener. Es esto lo que la hace sentirse responsable de hacerle la vida más fácil y de cambiarle la vida a aquellos que no tienen la misma suerte.

Hoy, está casada con su novio de los 16 años y es madre de tres adolescentes. Prioriza a su familia, busca un equilibrio entre su trabajo y su vida personal y si pudiera tener otra profesión, sería maestra, fiel reflejo de su pasión por los niños. Su dedicación en el trabajo, su solidaridad y valores que la guían se detectan a simple vista.

Siendo la “suerte” figurita repetida, Vanina Torrecilla siente que tuvo la suerte de que su profesión le permita realizar la función solidaria con su conocimiento profesional. Cree firmemente que la vida personal nutre la profesional y la vida profesional nutre la personal. Al poder unir ambas cosas, su profesión le da felicidad. “Puedo dar lo mejor de mí”, afirma sonriente.

Por Lucila María Salvemini

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s